JUAN DE JUAN: UN DESAFÍO A LA GRAVEDAD

 Ayer, miércoles 11 de febrero de 2026, la calle Torrijiano volvió a ser testigo de cómo el tiempo se detiene cuando el arte de verdad entra por la puerta. La Peña Flamenca Torres Macarena no fue solo un escenario, sino el santuario donde Juan de Juan demostró que, aunque los años pasen, el "duende" no entiende de calendarios.

A Juan le caben los mismo pantalones que cuando con 20 años ya había recorrido el mundo entero, desde los escenarios de Nueva York hasta los festivales más puristas, siempre llevando consigo el sello inconfundible en su baile, de su personalidad. Ayer, en la intimidad de la peña, fuimos testigos de su madurez artística. Es cierto que la edad no perdona y el cuerpo cambia, pero las facultades de Juan siguen ahí, intactas en espíritu y potentes en ejecución.

Su baile ayer fue un ejercicio de genialidad imprevisible. Juan tiene esa capacidad especial de "perder la verticalidad", de entregarse al abismo del paso y, justo cuando parece que va a quebrarse, soltar uno de esos chispazos de genialidad que levantan a los cabales de sus sillas. No es técnica fría; es una lucha cuerpo a cuerpo con el compás.

Para una noche así, el bailaor no vino solo. Estuvo arropado por un elenco " a pié de obra", unos currelas de la verdad, que sencillamente, lo que hacen lo hacen bien. El eco quebrado de Juan José Amador y la entrega visceral de David El Galli formaron torrente de sonido por el que se desliza Juan en cada desplante. A la bajañíel maestro Paco Iglesias puso la armonía y el ritmo exacto.

Hay bailaores que ejecutan pasos, y luego está Juan de Juan, que ayer lo que hizo fue ejecutar emociones. Corto en el primer pase, como con cierto disgusto, y entregao en el segundo. La peña se llenó de ese aroma rancio e imprevible pero auténtico que tanto defendemos. Fue la confirmación de que el flamenco, cuando se hace con esta honestidad, no necesita de grandes artificios, solo de unas tablas que retumben y un corazón que no tenga miedo a perder la vertical.

La peña tan llena como que se quedaron gente en la puerta y con las ganas.




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