No sé si es que estamos nostálgicos o que no gusta revivir aquellos buenos momentos que muy flamencamente hemos vivisdo.
Hoy no sé porqué, nos acordamos de Dieguito de Moron y ese momento que tuvimos con él en su actuación en la calle Castilla de Sevilla un 31 de enero del año 2020, hace ahora 6 años, en ese maravilloso ciclo, no sabemos si ya desaparacido para siempre, que organizaba Carlos Reverte "Rufo" en la sala flamenqueria.
Si la guitarra flamenca fuera un árbol, Dieguito de Morón (Diego Torres Amaya) sería la raíz más profunda que quedaba en Morón. Su ya lejana y añorada partida para muchos en agosto de 2025 nos dejó un poco más huérfanos de verdad, pero su eco sigue retumbando en cada rincón donde se aprecie un toque que duela y acaricie al mismo tiempo.
Sangre de Reyes: El Linaje del Gastor
Dieguito no tocaba la guitarra; él era la guitarra de Morón hecha carne. Nacido en el corazón de una de las castas más sagradas del arte jondo, era hijo de Joselero de Morón y sobrino predilecto del mítico Diego del Gastor.
No buscó el virtuosismo vacío de los metrónomos modernos. Él buscó el misterio. De su tío heredó no solo las falsetas, sino esa forma de "decir" las cosas con las cuerdas, donde el silencio vale más que mil notas a toda velocidad.
El Martilleo del Pulgar: Su Sello Artístico
Lo que hacía Dieguito era la "difícil sencillez". Mientras el mundo corría, él se paraba en el tiempo. Su toque era. Puro Alzapúa, un uso del pulgar que sonaba a campana gorda, con un peso y un compás que te obligaba a cerrar los ojos.
Su guitarra no buscaba efectos, (ni siquiera en una ultima epoca con las facultades muy mermadas) buscaba la pureza del rasgueo y el golpe en la tapa, ese sonido rancio que te transporta directamente a una reunión de cabales en un cortijo.
Nadie como él para entender el espacio entre nota y nota en la soleá. Su guitarra "hablaba" con una jondura que parecía venir de otro siglo. Aqui uno entiende lo que significa ese corte, ese silencio entre notas que dura un poco más, para domar el silencio y provocar el pellizco.
Una Vida de Bohemia y Verdad
A pesar de su timidez y su alma bohemia, Dieguito dejó hitos que cambiaron el flamenco. Pero acordemonos, Diego no fue solo ortodoxia cabal y flamenca tambien en los 70, de la mano de García-Pelayo, se atrevió a unir su guitarra con los músicos de Triana. Fue un puente entre la tradición más extrema y el rock progresivo, demostrando que la pureza no tiene miedo a nada.
En Diego daba igual, incluso dejara grabaciones donde la guitarra no está ni siquiera afinada y si no escuchen los primeros compases de esta maravilla, que yo me lo imagino tocando y afinando al mismo tiempo como solo hacen pocos.
En la Bienal de 1998, Sevilla se rindió a sus pies con un espectáculo que era pura memoria viva. Y llevó el veneno de Morón hasta Oriente, dejando registros memorables como su disco Vivo en Japón, donde se escucha a un artista en estado de gracia.
El Duende que se hace Libro
Para mi Diego es realmente los 8 primeros segundos de este video, donde se dibuja un rasgo propio de muchos flamencos, su incapacidad expresiva sino a través de un instrumento.
Recientemente, hemos podido profundizar en su figura gracias a la biografía de Juan Toro Barea, "Diego de Morón. Biografía del Duende". Un documento necesario para entender a un hombre que prefirió la libertad del anonimato a las luces del comercio, siendo fiel a su apellido hasta el último suspiro y que complementa el magnifico documental de Julián Azcutia
Hoy nos acordamos de él, de su flamencura, de los buenos momentos y de su actuacion de aquella noche oscura saliendo de la pesadilla de la epidemia donde esa noche fue un bálsamo su toque y el seguiriyón de Antonio el Carpintero.


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