DELIA MENBRIVE EN TORRES MACARENA: LA MAESTRIA DE LO CABAL

El pasado sábado 10 de enero, la emblemática peña Torres Macarena volvió a convertirse en el epicentro del cante jondo con la presencia de Delia Membrive. En una noche donde el aire de la calle Torrijiano parecía impregnado de expectación, la cantaora ofreció un recital que quedará en el recuerdo de los allí presentes.

Un recorrido por siete palos

La velada fue generosa en matices y registros. En la primera parte Delia desplegó su voz a través de cuatro palos distintos, demostrando una versatilidad y un conocimiento del canon que pocas veces se ve con tal naturalidad. Desde la intensidad de los palos de fragua como la soleá, a un recorrido por los aires de malagueña (Mellizo), abandolas o unos maravillosos verdiales, raros de verse interpretar fuera de las pandas. 

Aunque muchos esperabamos el lamento de la seguiriya en la segunda parte, en esta ocasión Delia decidió dejar ese palo en el tintero. Algunos lo echamos de menos, pero nos quedamos con la solidez del resto del repertorio y la entrega en cada tercio que llenaron el escenario de tal forma que la ausencia de la seguiriya fue simplemente la anécdota en una noche redonda.

Rubén Lara: Una guitarra en continua progresión

Mención especial merece el acompañamiento de Rubén Lara que llevo siguiendo muchos años. No es sorpresa para nadie que su toque esté en boca de todos, pero lo visto el sábado confirma que no estamos ante una promesa, sino ante una realidad con una de las mejores guitarras, y esto es decir mucho en este tiempo, del panorama actual. Esta edad de oro de la guitarra tambien la hacen nombres como del de Cañete la Real

Rubén estuvo soberbio, midiendo silencios y disparando falsetas con una precisión y un gusto exquisitos. Su capacidad para dialogar (y el conocimiento de los jondo) con el cante de Delia, dándole el aire necesario en cada momento, demuestra una madurez.

*Dos verdaderos cachalotes de la sonanta. Ruben Lara y Yus Wiegger

Compás y ambiente de solera

El cuadro lo completaron dos joyas del compás Manuel Valencia y Juan Diego Valencia a las palmas, quizás tambien de lo mejor, aportando ese sello de Lebrija que garantiza un compás impecable y orgánico.  Su trabajo fue el colchón perfecto para que el cante y el toque brillaran con luz propia. Juan Diego es capaz de hacer Jazz con los del Blue Tomasa, y luego marcarle el sitio como un metrónomo al mas pintao en un recital ortodoxo.

Lo mejor de la noche, más allá de la técnica, fue lo bien que lo pasamos. Hubo esa conexión mágica entre artista y público. Gran ambiente en una vela de cante Torres Macarena que normalmente arrastran menos personal. Actuacion sobresaliente y del gusto del que sabe escuchar,



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